Venid y lo veréis

“Venid y lo veréis”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día. Era más o menos la hora décima (Jn 1, 39).

Ante esta cita de Juan, solo podemos como él, enamorarnos de Jesús. El discípulo amado nos guiará en este encuentro como icono evangélico, al igual que en el Sínodo de los jóvenes. Su figura nos puede ayudar a comprender la experiencia vocacional como un proceso progresivo de discernimiento interior y de maduración de la fe, que conduce a encontrar herramientas y a descubrir la alegría del amor y la vida en plenitud, en la entrega y en la participación en el anuncio de la Buena Noticia (Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional DOCUMENTO PREPARATORIO SÍNODO 2018)

Desde el Consejo Diocesano de Laicos queremos animaros a que veáis este Encuentro Diocesano de Laicos como una oportunidad para vuestra comunidad parroquial. A veces vivimos anclados en nuestra propia realidad y acabamos cerrándonos sobre nosotros mismos.

Pero hemos de recordar que la parroquia no existe para sí misma, y que es imposible pensarla si no es en comunión con la Iglesia particular. Para vivir la fe y desarrollar la misión evangelizadora es necesario valorar y reforzar los lazos que expresan la referencia al obispo y la pertenencia a la diócesis, y este Encuentro pretende ser una ocasión para reforzar esos lazos.

Todos sabemos la riqueza que aporta juntarse, compartir, participar en lo común. No podemos negar que, cuando miramos sólo nuestra realidad parroquial, a menudo nos falta la ilusión; pero ésta se despierta cuando contactamos con otros grupos cristianos. Encontrarnos con otros grupos nos da una visión de Iglesia más plena, nos hace sentirnos más partícipes de la misma misión que nos anima a todos.

Por eso, os animamos sinceramente a participar en este Encuentro de Laicos. “Salgamos” de nuestros límites, mentales y parroquiales, para ofrecer a todos la alegría del encuentro con Cristo, y la belleza de la vida cristiana. Salgamos sin miedo a mostrar y ofrecer a nuestros hermanos una vida llena de la fuerza, luz y consuelo que da la amistad con Jesucristo, una comunidad de fe que los sostenga y un horizonte de sentido y de vida (cf. EG 49).

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